Los costos de una decisión equivocada.
Guillermina Nava . IMOVO

Saber tomar decisiones es una habilidad que generalmente se aprende de padres y maestros. Cuando somos niños, los padres nos enseñan a elegir, al principio nos otorgan libertad para escoger tal o cuál dulce, más adelante nos permiten escoger los juguetes y vestidos; los maestros también colaboran en el desarrollo de esta aptitud al dejarnos tareas y trabajos.

  A pesar de que la toma de decisiones es un proceso sencillo que se desarrolla de manera simultánea con la edad cronológica, algunos padres y maestros pueden llegar a obstaculizar este desarrollo, al impedir al niño a aprender de las consecuencias de sus acciones y, en lugar de enfrentarlos a una sanción por no haber realizado su tarea escolar, “lo ayudan” haciéndole la tarea; con ello le impiden madurar. Estos niños que crecieron en un ambiente de sobreprotección e indulgencia al llegar a la adolescencia sentirán miedo y temor para elegir su carrera.   

De entre todas las decisiones que el ser humano toma en su vida, la elección de estudios universitarios reviste una gran importancia porque la profesión que se elige no se limita a la obtención de “un papel”, la profesión simboliza un “llegar a ser” lo que la profesión representa para la persona que la elige y para la sociedad.

Sin considerar la importancia que tiene esta decisión en el proyecto de vida de las personas, hay jóvenes que  toman esta decisión a la ligera, continúan siendo niños y esperan que los amigos, los padres o los maestros les digan qué carrera estudiar, más tarde, al abandonar los estudios buscan otra profesión diciendo: “ La carrera que estudié no fue lo que imaginé”, “Algunas materias me cuestan trabajo”, “No me convenció el ambiente de la universidad”, etc.

Los errores en la elección de carrera traen consigo pérdidas psicológicas y económicas. 

Desde el punto de vista psicológico, el abandono de los estudios universitarios puede reflejarse en un impacto negativo en la autoestima que generalmente viene acompañado de fuertes sentimientos de minusvalía y depresión. Además, ese impacto también alcanza a los padres de familia porque ellos se han formado expectativas respecto al futuro de sus hijos y se han esforzado por brindarles las oportunidades escolares que les permitan alcanzar sus objetivos ocupacionales. De esta manera, los jóvenes llegan a creer que han defraudado a sus padres o se han defraudado así mismos.

Desde el punto de vista económico, el costo es relevante, tanto para los padres de familia como para la sociedad en general. Estudiar una carrera universitaria en alguna institución pública le cuesta al país en promedio por alumno $ 120,000 y, si el alumno decide estudiar en alguna institución privada, sus padres erogarán un mínimo de $ 150,000 pesos o más de $ 400.000, dependiendo de la escuela.

Si vas a elegir carrera y universidad asegúrate de hacerlo de manera informada. Si te sientes inseguro o estás indeciso acude a algún centro de orientación vocacional especializado que te brinde la información necesaria para que puedas hacer tu elección de manera profesional.

IMOVO pone a tu disposición un programa de ORIENTACIÓN VOCACIONAL A TU MEDIDA, para que distingas la opción que más conviene a tus necesidades de orientación.

¡No te quedes con dudas, aclara tu elección de carrera ahora !

 

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Sábado 19 de agosto de 2017