Experiencia Laboral y Madurez Vocacional.
Act. y Psic. Guillermina Nava. IMOVO

Es frecuente escuchar a los padres decir en la consulta vocacional que, les preocupa que sus hijos trabajen mientras estudian la preparatoria. Al preguntarles acerca del por qué de sus temores, la respuesta es invariablemente la misma "si trabajan, les va a gustar ganar dinero y van a dejar los estudios".

El temor de los padres fue cierto en 1950; todavía en los años sesenta, el destacado psicoanalista norteamericano Arthur Brill, afirmaba que el factor "capacidad de postergar la gratificación", era un aspecto fundamental en la decisión de continuar o no continuar con los estudios profesionales. Para Brill, los jóvenes abandonaban los estudios porque el empleo era una verdadera tentación, eran abundantes las oportunidades y, cualquier persona con espíritu emprendedor fácilmente podía conseguir un empleo bien remunerado, o, emprender un negocio exitoso sin requerir del título universitario.

Hoy en día, en México y en casi todo el mundo, la situación ha cambiado: La educación media-básica es prácticamente exigida por todos los empleadores, los años invertidos en la escolarización no garantizan el empleo y los egresados universitarios se quejan de la falta de oportunidades laborales debido a su inexperiencia.

Es cierto que la experiencia laboral puede alejar a algunos jóvenes de sus estudios, pero generalmente se trata de estudiantes que muy probablemente hubieran desertado -la eficiencia terminal de las universidades mexicanas es del 55%-.

Entre las principales ventajas que trae consigo la experiencia laboral -no necesariamente remunerada ni por periodos prolongados-, podemos citar las siguientes:

Miércoles 13 de diciembre de 2017